El amor a las puertas del infierno, Spanish-language edition of For Whom the Belle Tolls

LIST PRICE $23.00

PRICE MAY VARY BY RETAILER

Get 20% off with code FALL26 plus free shipping on orders of $40 or more. Discount on physical products only. Terms apply.

Buy from Other Retailers

About the Book

De Jaysea Lynn, la sensación de BookTok con la serie Hell’s Belles, llega una novela de romantasy más caliente que el mismísimo infierno, con un amor prohibido, magia oscura, una historia sobre la ardiente aventura de una joven en el Más Allá. Perfecto para fans de Sarah A. Parker y Callie Hart.



Le dijeron que se fuera al Infierno…
Y eso hizo, pero a su manera.

Lily no está exactamente entusiasmada al encontrarse en el Más Allá, pero lo que le espera allí es mucho más fantástico que cualquier cosa que pudiese haber imaginado: deidades que hacen cola en la cafetería; faes que revolotean entre reinos; almas que tratan de que hacer de su muerte un nuevo comienzo.

Conforme explora los muchos rincones del Más Allá, Lily se ve atraída por el lugar que la mayoría de gente trataría de evitar a toda costa: el Infierno. Provista de años de experiencia en el servicio de atención al cliente, y una gran cantidad de sarcasmo reprimido, Lily consigue un trabajo entre los demonios del Infierno para mandar a las almas al lugar que las corresponde, con una buena cantidad de descaro.

Las expectativas que Lily tenía se ven trastocadas por completo cada día que pasa en el Infierno, sobre todo por Bel, un demonio con voz sexy que la distrae bastante. Los dos se conocen por accidente, y forman una amistad inmediata y profundamente reparadora. Pero la indudable chispa que hay entre ambos amenaza con provocar un incendio.

Mientras tanto, algo se cuece en los límites de su mundo, algo que amenaza con destruir todo lo que conocen, y todo lo que podría llegar a ser… A no ser que luchen con uñas y dientes para frenarlo.

From Hell’s Belles BookTok sensation Jaysea Lynn comes a hotter-than-hell romantasy about love, magic, and found family in the Afterlife, perfect for fans of Sarah A. Parker and Callie Hart.

They told her to go to Hell.
She went, but on her own terms.


Lily isn’t exactly thrilled with her arrival in the Afterlife, but what awaits her there is more fantastical than she ever could have imagined: Deities wait in line at the coffee shop. Fae flit between realms. Souls find ways to make death a beginning.

As she explores the many corners of the Afterlife, Lily finds herself surprisingly drawn to a place most people would avoid at all costs: Hell. Armed with years of customer service experience and pent-up sarcasm, Lily carves a job out for herself amongst Hell’s demons, sending souls to their rightful circles with more than a hint of sass.

Lily’s expectations are subverted every day in Hell—especially by Bel, a demon general with a distractingly sexy voice. The two meet by chance and form an immediate, deeply healing friendship, but the undeniable heat between them threatens to combust.

Meanwhile, something stirs beyond the boundaries of their world, threatening to destroy everything they’ve known and everything that could be…unless they fight like Hell to stop it.

This debut novel from BookTok sensation Jaysea Lynn invites you to lose yourself in a world where love ignites in the unlikeliest of places, magic defies the rules, and the Afterlife proves more thrilling than anyone could imagine.

Excerpt

Capítulo 1: Diagnóstico 1 DIAGNÓSTICO Lily
Lily supo que el cáncer iba a acabar con ella cuando trató de arrancar el coche y no pudo. Un par de veces le había costado poner en marcha su destrozado y viejo Corolla, en el cual normalmente podía confiar, pero jamás le había fallado del todo. Así que se quedó sentada en el asiento del conductor, en shock y con el latido del corazón retumbándole en los oídos.

El corazón había estado latiéndole demasiado fuerte todo el día. En el momento en que había abierto los ojos; mientras se tomaba un café en silencio, pero intranquila; y mientras conducía a la consulta médica y permanecía sentada en aquella silla de áspera tela azul. Le había retumbado en el momento en que el médico había entrado en la consulta, con la mirada llena de compasión y un portapapeles en mano.

El olor a antiséptico de la clínica de repente le había parecido insoportable, así como el frío que hacía, o lo áspera que se sentía la tela azul de la silla. El tono demasiado calmado del médico, y sus palabras en voz baja, de alguna manera le habían parecido devastadoramente fuertes mientras le explicaba la situación de forma sincera.

En ese momento, el corazón comenzó a latirle a toda velocidad, transportando la sangre y la adrenalina por su cuerpo, preparándola para una pelea que no iba a llegar. Una pelea que ya había perdido.

Así que allí estaba Lily, sola y desamparada, agarrando el volante con fuerza mientras se miraba las manos y el brazo izquierdo, cubierto por completo de tatuajes que no pudo enfocar cuando comenzaron a llenársele los ojos de lágrimas. Le habían dicho incontables veces que hacerse tatuajes era como ponerle una pegatina a un Bentley, y todas las veces se reía de ese comentario y les decía que, como mucho, ella era un Corolla. Menuda profecía que había acabado siendo aquello. Se le escapó una carcajada irónica y casi sin aliento mientras parpadeaba para deshacerse de las lágrimas. Se tapó la boca con la mano, aunque no hubiera nadie que pudiera escucharla.

Estaba en estado de shock, y era consciente de ello. ¿Quizás también estaba entrando en pánico? Era posible. ¿Por qué no añadir histeria a la mezcla?

Le subió otra carcajada por la garganta y se le escapó entre los dedos, hasta que se dio por vencida y bajó la mano. Soltó una horrible carcajada tras otra, carcajadas desesperadas ante su diagnóstico, ante el coche que no arrancaba, ante su vida tan ridícula. Se le cerró la garganta y se aferró al volante con ambas manos hasta que se le pusieron los nudillos blancos y la risa comenzó a transformarse de forma sospechosa en sollozos.

—Joder —soltó. La risa irónica desapareció al instante, y una sensación ya familiar de ira y furia la reemplazó.

—¡Joder, JODER! —Golpeó el volante, y la sacudida y el dolor ascendieron por sus manos y brazos—. ¡JODER! —Gritó con tanta fuerza que una mujer que estaba en una camioneta a cuatro aparcamientos de distancia se sobresaltó y se le cayeron las llaves.

Lily dejó caer la frente sobre el volante, su pelo largo y caoba haciéndole de cortina para aislarla del mundo. Se agarró la nuca con ambas manos y respiró hondo, pero de forma temblorosa, unas cuantas veces. El corazón le latía tan fuerte que podía sentirlo contra los oídos, como si tratase de asegurarle que ambos seguían aún vivos.

Por supuesto, el médico le había presentado algunas opciones para alargarle la vida. Para aliviarla. Pero las opciones eran para la gente que tenía dinero.

La gente que tenía coches que arrancaban a la primera.

Inhaló con lentitud, una inspiración larga, y se concentró en el dulce aire que le llenó los pulmones, que olía ligeramente a ámbar y sándalo gracias al ambientador. Lo había tenido claro en la consulta del médico, desde el momento en que le había dicho no solo que tenía cáncer, sino que este se había extendido a todas partes. Había pensado en todas las opciones, repasado de nuevo todas las variables, y después una vez más, solo por si acaso, y al final había llegado a la misma conclusión.

Se iba a morir.

El hecho se asentó en su alma como si de una piedra se tratase. Quería entrar en pánico, perder los estribos, permitirse, por fin, desmoronarse por completo. Quería echarse a llorar, gritar, suplicar, encolerizarse. Quería romperse en pedacitos tan pequeños que no pudiese distinguirse a sí misma en ninguno de ellos. Pero, por desgracia, ella no era así. No estaba hecha para perder los estribos por mucho que quisiese, de modo que maldijo en silencio y sin demasiadas ganas esa parte de su interior que no le permitiría ser vulnerable, ni siquiera estando a solas.

Se restregó los ojos tan fuerte que vio puntitos blancos. Sin tratamiento, en menos de un año estaría muerta. Con quimio agresiva, quizás podría ganar algo de tiempo… pero estaría destrozada y dolorida. Y endeudada.

¿Por qué siempre se trataba del puto dinero? Tenía un trabajo con el que ganaba relativamente bien, y tenía una semana de vacaciones pagadas al año, sin poder acumular días de un año a otro, por supuesto. Pero, ¿los beneficios? Demasiado caros para una empresa que prefería sacar el máximo provecho económico posible. Llevaba un tiempo mirando ofertas de empleo a cada momento libre que tenía mientras trabajaba, y casi ninguno ofrecía beneficios. La mayoría tenían pinta de ser horribles, y de que la dejarían sin ganas algunas de vivir, pero había mandado su currículum a los que sonaban más llevaderos.

Siempre había tenido mucho cuidado con el dinero, y trataba de navegar el estrecho canal entre la responsabilidad financiera y el disfrute de la vida. Pero los ahorros que tenía ni siquiera le darían para pagarse la primera ronda de quimio. Podía permitirse pagar la bata del hospital, y que una enfermera saturada y cansada le chocase los cinco. Pero aquello no haría nada contra el cáncer que iba a matarla.

Nada podría frenarlo.

Su móvil vibró en el compartimento del centro, y apretó los ojos con todas sus fuerzas. Sintió un pinchazo en el corazón tan fuerte que se le cortó la respiración. Sin mirar, sabía de quién era el mensaje que acababa de recibir, y al pensar en el horror por el que pasaría su familia se le cerró la garganta. Puede que el cáncer fuese a matarla, pero su muerte acabaría con sus padres. Por Dios, sus hermanos…

Por la mejilla le cayó una lágrima.

La mano le tembló cuando fue a agarrar el móvil, y le llevó mucho más tiempo del habitual desbloquearlo y abrir el mensaje de su madre.

Madraza: ¿Y bien?

El corazón le dio un vuelco.

—Joder. —Se ahogó con la palabra y dejó caer la cabeza hacia atrás.

En el asiento del pasajero estaba su mochila, preparada para pasar el fin de semana en casa de sus padres. Había esperado que pudiese ser una visita de celebración. En cambio, la inundó una oleada de autodesprecio y miedo que amenazaba con ahogarla. En un arrebato en el que se sintió desamparada, y a la vez con una ira desafiante, volvió a agarrar la llave del coche y la giró con una fuerza brutal. Tras una pausa y un quejido por el esfuerzo, el motor arrancó y ronroneó de forma silenciosa. Se preguntó por un segundo si aquello era un buen presagio, antes de descartar por completo la idea. Debía dar gracias por las pequeñas cosas.

—Venga —dijo en voz baja. Después lo repitió con más convicción—: Venga.

Se incorporó, se limpió las lágrimas y respiró hondo, y luego una vez más. Se miró en el espejo retrovisor y odió la verdad que se escondía tras sus ojos de color avellana. Tenía un par de horas de camino para pensar, y necesitaría cada uno de los segundos.

Le escribió una breve respuesta a su madre, que era lo único que podía ofrecerle.

Lily: Te lo cuento cuando llegue. Los veo en un ratito. Los quiero.

About the Author

Jaysea Lynn, la autora furor de TikTok, te invita a perderte en un mundo donde el amor se prende en los lugares más insospechados, la magia desafía las reglas, y el Más Allá resulta ser más emocionante de lo que nadie podría imaginar.

Series with Books by the Author

Product Details

  • Publisher: Atria/Primero Sueno Press (November 18, 2025)
  • Length: 736 pages
  • ISBN13: 9781668211687

Browse Related Books

Resources and Downloads

High Resolution Images

  • Author Photo (jpg): Jaysea Lynn
    Photography by Happy Hour Headshot Seattle, Garrett Hanson
    (0.1 MB)

    Any use of an author photo must include its respective photo credit

BACK TO TOP